El obispo nicaragüense exiliado Silvio Báez presidió el domingo 12 de abril una misa en la iglesia Santa Agatha de Miami y usó la homilía para denunciar que en Nicaragua se intenta imponer una “falsa paz” con miedo y armas. Báez, fuera del país desde 2019, dijo que las heridas del pueblo nicaragüense no desaparecerán sin dejar antes “cicatrices históricas” de la opresión.
“La paz no es sólo ausencia de guerra”, afirmó Báez, al advertir que los sistemas políticos que se imponen con terror sobre las personas y les arrebatan su libertad son enemigos de la paz. También rechazó a quienes, según dijo, “reprimen, controlan, encarcelan y obligan al exilio”, y sostuvo que no debe aceptarse la normalidad que los dictadores quieren imponer con el miedo y las armas para conservar sus privilegios.
El mensaje llegó un día después de que el papa León XIV presidiera una vigilia por la paz el sábado 11 de abril en el Vaticano, una referencia que Báez recordó durante la ceremonia en Miami. Su homilía se centró en la idea de que el dolor de hoy puede convertirse en memoria histórica y, más adelante, en un impulso para reconstruir el tejido social.
La denuncia de Báez se inscribe en una ofensiva más amplia contra la Iglesia católica en Nicaragua. El texto señala que 309 religiosos han sido obligados a salir del país, que el régimen ha confiscado al menos 39 propiedades de la Iglesia Católica y que ha prohibido la ordenación de sacerdotes en varias diócesis. También afirma que, por cuarto año consecutivo, la dictadura nicaragüense ha prohibido miles de procesiones y actos públicos de Cuaresma y Semana Santa, aunque algunas actividades han sido permitidas en las calles bajo vigilancia policial.
En ese marco, Báez llamó a los creyentes a ser “artesanos de paz” y a responder a las heridas con misericordia. Su mensaje dejó una conclusión difícil de esquivar: mientras sigan el exilio, las confiscaciones y la represión religiosa, la paz en Nicaragua seguirá siendo una promesa vacía.